Las cartas del Rey
Yo no quisiera tener que hablar tanto del presidente de la raquítica Favecam ni de su entorno. Entre otras cosas porque todo el tiempo que se pierda en hablar de ello es sólo eso: tiempo perdido. Pero es que a veces no queda más remedio que hablar para evitar el riesgo de reventar desde dentro. La última del ínclito ha sido dirigirse nada menos que al Rey, al Presidente del Gobierno y al Ministro de Defensa para llorarles sus penas porque, según él, el Comandante General no le invitó a él y a sus cuatro adictos a las celebraciones del día de las Fuerzas Armadas. Vayamos por partes, especie de embustero. Al presidente de la Asociación de Vecinos La Bola, primero en Favecam, luego en Feaveme y ahora de nuevo en Favecam (lo que viene a demostrar la coherencia y el sentido común de los poquitos que aún le quedan), lo pude ver sentadito en los lugares reservados para invitados en el desfile de ese día. Luego sí le invitaron. A la hora de entrar a la recepción en el Club Deportivo La Hípica, a mí nadie me pidió invitación alguna; por tanto tengo que dudar muy mucho de su afirmación de que a algunos no les permitieron la entrada. Por otra parte, señor mío, si el Comandante General no les hubiera invitado a usted y a los suyos, habría hecho muy bien ya que no es esta la primera vez que despotrica usted contra el estamento militar porque no le ha convertido nunca en el ombligo del mundo. Además, yo no invitaría a mi casa a quien se encuentra inmerso en un proceso por varios presuntos graves delitos. Y para redondear sus falacias nos cuenta que de las tres altas instancias a las que se ha dirigido para contarles tamaño desatino, sólo Su Majestad se ha dignado contestarle personalmente. Y además le dice que tomará "cartas en el asunto". ¿Cuántas cartas? ¿La que le ha escrito? ¿Cinco de Don Heraclio para jugar al poker? ¿O quizá tres para echar una brisca? Vamos, Don Miguel Ángel. Es usted más ingenuo de lo que yo me temía. ¿O acaso cree que los ingenuos somos los demás? Claro que, como algunos periodistas todavía escuchan sus mamarrachadas y las publican en lugar de levantarse de sus ruedas de prensa negándose a que ningún paranoico les tome el pelo, usted sigue con sus delirios de grandeza a ver si encuentra alguien que todavía le crea. Pues mire, yo no le creo, y en prueba de ello le reto públicamente a que nos muestre la carta del Rey (no una falsificación, por favor) y nos permita tocarla y embelesarnos con ella como joya que es. Y puestos a no creerle, ¿Qué nos apostamos a que lo del comedor social es otro bulo como el de su emisora de radio? El tiempo pondrá, una vez más las cosas en su sitio, aunque a usted ni el tiempo podrá cambiarle. Entre tanto, bueno sería que mintiera usted menos y trabajara más.
José Luis Suárez