La opinión del presidente

    El problema surgido en las dos últimas Asambleas con la Asociación de Vecinos El Pueblo es algo que venía fraguándose desde hace mucho tiempo. La actitud constantemente disidente de Luis Cortés no podía conducir a un puerto distinto. Luis sabe muy bien que le he apoyado en infinidad de ocasiones, que incluso me partí la cara por él en la prensa cuando un sinvergüenza disfrazado al que todos conocemos, nos insultó, a él y a mí, en un artículo anónimo. La Directiva de la Asociación que preside me consideró acreedor a uno de los premios Pueblo por mi defensa de los derechos del barrio. Pero Luis sabe también que su colaboración conmigo cuando se la pedía para asuntos de la Federación dejaba mucho que desear, a no ser, son sus palabras, "que hubiera alguna compensación". Yo no lo he visto nunca en cabalgatas de  Reyes o de Carnaval, en la Semana Náutica, en la caseta de Feria del año 2002 por la que no apareció y por la que no fue capaz de vender ni una de las papeletas del sorteo que organizamos, en la macrofiesta de carnaval celebrada el año pasado o en los actos institucionales a los que se le llamaba para colaborar con la Federación, actividades todas en las que hay que arrimar el hombro sin esperar nada o casi nada a cambio. Fue Vicepresidente y dimitió, según él, porque yo había perdido la confianza. No se trata de confianza, sino de colaboración y de trabajo. Si cada vez que le llamo para que su asociación o él mismo se impliquen, me pregunta cuánto pagan o qué regalan por participar, acabo dejando de llamarle. Por contra, si el actual Vicepresidente, Gonzalo, está siempre dispuesto a hacer un esfuerzo por la Federación sin esperar nada a cambio, éste acaba sustituyéndole. Es lógico y natural. Pero todo esto hubiera podido soslayarse si no fuera porque, para colmo, Luis se ha convertido en el disidente número uno de la Federación en cuantos foros ha participado, llegando incluso a hablar de "vosotros" cuando se refería a su (?) Federación, saltándose a la torera todos los acuerdos asamblearios, sencillamente porque no coincidían con sus propuestas, a pesar de quedarse siempre sólo en las votaciones. Y se quedaba sólo por su afán de arrimar siempre el ascua a su sardina sin pensar en el bien común y barriendo para casa. Esto es lo que no puede uno soslayar una y otra vez. Y menos aún puedo soslayar su actitud en las dos últimas asambleas. Después de que se cambia su expulsión por su dimisión en el Consejo Asesor, después de que se compromete a esa dimisión, falta a su palabra, presenta la baja de su Asociación en FEAVEME (léase "me voy, no me echan") y sigue siendo miembro del Consejo Asesor, a donde llegó con el apoyo de la Federación (¿les suena lo del transfuguismo?), para seguir tratando de evitar que en ese Consejo se tomen acuerdos que le perjudiquen aunque beneficien a la mayoría. Para mí, que falte a su palabra ya es algo imperdonable, pero que encima insulte a dos directivos de la Federación, entre los que me encuentro, sin venir a cuento, sólo porque no se le da la razón, es algo que, además de imperdonable, demuestra cómo las circunstancias pueden hacer perder hasta la educación. Lo siento de verdad. Lo siento por Luis, lo siento por su Asociación y lo siento por el Pueblo, aunque sus vecinos deben saber que desde la Federación voy a seguir trabajando por cuanto redunde en su beneficio, igual que lo hago con los demás barrios de Melilla

                                                                                                                            José Luis Suárez

                                                                                                                                Presidente