La opinión del presidente
Sé que este mi comentario va a levantar ampollas una vez más, pero, como todo el mundo sabe, soy una persona que, si no digo lo que pienso, reviento por dentro. Además, considero que tengo derecho a manifestar mi opinión le duela a quien le duela. Y si no insulto a nadie, sólo pido que no me contesten con insultos; si alguien tiene algún razonamiento lógico, que lo exponga, y a lo mejor hasta me convence de que yo estaba equivocado. Y eso que el primer insulto de algunos ha sido a la inteligencia de dieciocho presidentes de asociaciones. Este presidente ha pasado por alto y hasta ha intentado olvidar los desplantes y los intentos de división en el seno de la Federación. Y lo ha hecho para tratar de evitar precisamente esa división. Y quienes tratan de dividir, no solo no han dejado de hacerlo, sino que siguen intentándolo con mayor ahínco y acusando a quien suscribe de ser el culpable; al que suscribe y a los presidentes de las dieciocho asociaciones que están con este presidente, le arropan y le votan. Me recuerda el chiste de aquella señora que estaba viendo el desfile en el que participaba su hijo y le comenta a una amiga: "¡Mira lo bien que desfila mi hijo! Todos llevan el paso cambiado menos él". Y esto mismo me recuerda también a un presidente de asociación, otrora vicepresidente de la Federación y ahora fuera de ella y fuera también de la presidencia de esa asociación, el cual siempre se quedaba solo en la votaciones y pese a ello seguía teniendo razón. Es con ese presidente, o con su sucesor, junto con el de otra asociación, que nunca ha querido estar federada, y con un tercero que no para de insultar y calumniar a quien esto firma y que sigue pendiente de una sentencia del Tribunal Constitucional por un presunto intento de acabar con FEAVEME, es con ellos, digo, con los que se unen, para intentar manipular el Consejo Asesor, quienes no fueron capaces, no ya de ganar, sino ni siquiera de llegar a votar, las elecciones a la presidencia de la Federación. Y lo hacen saltándose a la torera todos los acuerdos democráticos de la Asamblea de FEAVEME en una flagrante violación de nuestros Estatutos. Pese al descalabro sufrido en aquellas elecciones, continúan intentando engañar a quienes ya conocen de sobra el percal y, claro, no se dejan engañar. Pero, en sus utópicos sueños, siguen pensando que pueden conseguir votos por los medios que sean. Se unen, como queda dicho, a los tres enemigos de la Federación para convertirse así mismo en enemigos de la misma. Y, por si fuera poco, acusan a quien no los ha votado, todos menos tres, de haber vendido su voto. Pues miren, señores, eso sí que no se lo voy a permitir. Si a la honradez y a la fidelidad le llaman ustedes compra de votos, repito, no se lo voy a permitir, no ya por mí, sino por todos los presidentes que han elegido su opción teniendo en cuenta a las personas y sus trayectorias. Llaman ustedes compra de votos a la organización llevada a cabo dentro de la Federación para que los candidatos propuestos por mayoría absoluta en una votación democrática ganaran las elecciones al Consejo Asesor evitando así el desastre, tanto para dicho Consejo como para FEAVEME, de que quienes sólo miran sus propios intereses llegaran a manipular algo que ha costado tanto trabajo conseguir. Y en su bisoñez, dan votos a alguno de nuestros candidatos pensando, sin duda, que así iban a conseguir ellos alguno más. El resultado es que dos de los candidatos por parte de la Federación a miembros suplentes del Consejo con seis votos previstos, consigan diez uno y nueve el otro, dejando de esa manera a la oposición en los últimos lugares y sin posibilidad alguna de acceder nunca a ningún puesto titular.
Para terminar quisiera explicar a esa minoría que soy el responsable desde FEAVEME de la organización de toda esta estrategia; y lo soy porque soy el presidente de la misma elegido por amplísima mayoría absoluta y porque, en el momento de las votaciones, era el portavoz, democráticamente elegido, del Consejo Asesor y aspiraba a seguir siéndolo. Desde esa perspectiva tenía que buscar la forma de rodearme de gente de mi confianza, de gente que anteponga el bien común al suyo propio, de gente que crea en mí y no esté dispuesta a traicionarme. Y, desde luego, no estaban ustedes entre esa gente, no podía confiar en ustedes; la prueba evidente de su traición la han dado ustedes mismos uniéndose al enemigo. Han escogido un mal camino y, no les quepa la menor duda, tomo buena nota de ello.
José Luis Suárez