Puedo asegurar que he tenido la tentación de dimitir en más de una ocasión, incluso de no presentarme a esta elecciones. Pero no lo he hecho por tres razones: La primera porque seguro que alguien habría pensado que tenía miedo a perder. La segunda porque me he roto mucho la cara por esta Federación y no voy a tirar la toalla ahora porque a cuatro (perdón, siete) se les antoje. Y la tercera porque se lo debo a mi amigo, y amigo de muchos de vosotros, Gonzalo, que trabajó codo a codo conmigo durante varios años.

        Cuando en el año 1997 me hice cargo de la gestora de FEAVEME, esta no era nada. Sólo cinco asociaciones asistieron a la Asamblea para elección de presidente convocada como consecuencia de la presencia en los medios de comunicación del anterior presidente como impulsor de una nueva Federación de triste recuerdo, FAVECAM. Yo tuve que exigirle a Juan José Maestre que dimitiera y ni siquiera se dignó presentarse a la Asamblea. La gestora no hizo nada durante dos años en medio de la apatía de todos. Hasta que en 1999 el presidente de Favecam ofreció en la prensa su apoyo al partido político que le diera la Consejería de Bienestar Social. Esto removió las conciencias de muchos y comenzaron a llamarme de una y otra Asociación para que tomáramos cartas en el asunto. Así fue como hicimos renacer una Feaveme que no podía ni debía desaparecer. Pero había sido mucho el tiempo perdido, Favecam se había hinchado como un globo, que hemos podido comprobar cómo ha terminado explotando, y Feaveme había sido eliminada fraudulentamente de todos los estamentos regionales y nacionales. Fueron tiempos difíciles en los que hubo que levantar la Federación con trabajo duro y mucha mano izquierda. Mis buenas relaciones con los gobiernos de la Ciudad fueron fundamentales en su auge. Buenas relaciones que lo fueron con gobiernos de todo tipo y color político. Porque si de algo me precio es de haber respetado siempre a todos y así me he ganado el respeto de todos; incluso hoy, pese a mi conocida afiliación de más de treinta años al PP y la continuidad de dos gobiernos de este partido, sé y me honro de ello, que se me aprecia en las filas del PSOE y se me reconoce en las de CPM. Permitidme lo que puede parecer una falta de modestia, pero tengo que decir que ese aprecio y ese reconocimiento se deben a mi lealtad a unas ideas, a mi honradez, al hecho de tener una sola palabra, a que, si alguna vez he tenido que decir algo con lo que no estuviera políticamente de acuerdo lo he hecho siempre con moderación y con mesura; y se deben a que todos saben que nunca me he vendido a nadie y que nadie puede comprarme.

        En ese camino de entendimiento con los políticos me he encontrado con la presencia indeseable, persistente y traicionera de Favecam. Querellas, demandas y juicios que me han dado mucho trabajo y me han restado tiempo para dedicarme a lo que realmente importaba. Y he estado prácticamente solo. Nadie tiene idea de las veces que yo he tenido que visitar al abogado, al notario, al juzgado. Horas y horas que no tienen más compensación que la satisfacción del trabajo bien hecho. Hay quienes se han permitido decir que la Federación me ha apoyado a mí en mis juicios con Villaverde Valencia. No tienen ni idea. Todos los juicios a los que he tenido que asistir y a los que he tenido que hacer frente eran demandas de Feaveme o defensas de demandas contra Feaveme. Sólo en una ocasión la querella, que luego quedó en nada, de Valencia contra mí por defender a Feaveme, lo era también contra la Federación. Hoy en día Favecam no es nada, no le queda ninguna asociación y, lo que es peor, no tiene crédito alguno. Y sin falsa modestia, tengo que decir que la derrota la ha logrado quien desde hace diez años preside esta Federación. Por eso me duele que, desde la corriente de oposición que últimamente se ha creado por algunos, se hagan acercamientos a la segunda persona que más daño le ha hecho a esta Federación a lo largo de los años: Juan José Maestre.

        Han pasado los tiempos duros. Hoy la Federación marcha sobre ruedas, hemos pasado de cinco asociaciones a 22. Sigue habiendo trabajo, que lo digan si no todas las asociaciones que han venido y siguen viniendo por aquí a que se les hiciera todo tipo de documentos. Pero ahora, también es cierto, es más fácil salir en la foto. Es más fácil ponerse medallas, pero conste que yo nunca me he puesto ninguna medalla que hubiera ganado otro. Y ahora es cuando, algunos que me han dicho muchas veces que por qué tenía que rellenarles yo los papeles a las asociaciones, que lo hicieran ellos, promueven un movimiento que pretende regir los destinos de Feaveme. Se intenta crear un cisma pero en ningún caso lo he comenzado yo. Se empieza por pretender poner en duda mi honradez en unas cuentas que no hice yo y de las que ni siquiera tenía conocimiento. Se continúa intentando atraer a unas cuantas asociaciones que no pueden, o no deberían tener nada en contra mía. Y se viene a la Asamblea del día 16 de Julio a tratar de poner chinitas en el camino. De lo único que me pueden acusar es de unas declaraciones en un periódico malinterpretadas por el periodista que confunde también la fecha de la Asamblea aunque nadie lo mencione, y que quedan meriadanamente claras en otro periódico que tampoco nadie menciona. Y se me intenta acusar de que a la Asamblea asisten directivos que no son el presidente cuando la convocatoria va dirigida al presidente; o de que asisten dos personas de la misma asociación cuando todo esto ha ocurrido siempre y además está contemplado en los Estatutos; o de que no he avisado de la misa por Gonzalo después de haber puesto una esquela en los tres periódicos de Melilla; esos son todos los delitos que han podido encontrar quienes intentan sembrar la desunión y el cisma dentro de la Federación, los mismos que han llegado a comentar, poco más o menos, que, si no me echan, crean otra Federación. Se me llega a decir, en un alarde de desconocimiento de los Estatutos, que una determinada votación no debería hacerse si no están todas las asociaciones. El intento de demostrar lo indemostrable llega a la acusación de repartir el dinero de las subvenciones. ¡Ojalá! Si así fuera, quedaría demostrada una vez más mi honradez. ¿Alguien ha comprobado cuántas asociaciones han recibido más dinero, el mismo o casi el mismo que la mía? Y entre ellas varias con menos local, menos actividades y menos solera que Estopiñán. Y nunca nadie me habrá oído quejarme.

        Pero no quiero hablar más del pasado aunque convenga recordarlo para no caer en la ingratitud y en la injusticia. ¿Cuál es el futuro? Si continúo siendo presidente de esta Federación, mi línea no va a variar mucho en lo fundamental. Para empezar, mi Junta Directiva va a seguir siendo la misma siempre que ellos acepten los cargos. Aquí se ha planteado pedir más participación de las asociaciones en los actos de la Ciudad. Lo he hecho en muchas ocasiones aunque sin exigencias y con no mucho éxito. Seguiré intentándolo, pero con moderación y con mesura; que nadie espere que vaya a promover manifestación alguna encabezándola con un megáfono. Se ha dicho, y es verdad, que el Gobierno de la Ciudad cuenta con nosotros solo cuando le hacemos falta (cabalgatas, belenes, cruces, etc.); incluso se ha insinuado hacer un plante de esas actividades. Pero a nadie se le ha ocurrido comentar que Melilla es una de las pocas ciudades de España en las que el Ayuntamiento subvenciona a las asociaciones de vecinos.

        Una de mis prioridades en la que comenzaré a trabajar mañana mismo es la de conseguir, aprovechando mis buenas relaciones con la Federación de Ceuta y con la CAVA, que volvamos a formar parte de esta. Que la CAVA vuelva a ser la Confederación de Asociaciones de Vecinos de Andalucía Ceuta y Melilla y no sólo de Andalucía y Ceuta, como es ahora, gracias a los señores Valencia y Maestre. A alguien le puede parecer cosa de poca importancia, pero no tenemos ni idea de la cantidad de ayudas para actividades que se podrían tramitar a través de la Confederación. Sin duda, mucho más de lo que recibimos de la Ciudad Autónoma.

        Mi segunda prioridad será la redacción y aprobación en Asamblea de un Reglamento de Régimen Interior que rellene las lagunas que hay ahora mismo en los Estatutos y permita una operatividad ágil.

        Continuaré tratando de mejorar la actuación del Consejo Asesor, incluido algo que nadie ha exigido como es el que se haga un seguimiento de las actividades programadas por cada Asociación que reciba dinero público. Que se compruebe que las actividades realmente se realizan en toda su programación, no sólo que se facturan.

        Y seguiré trabajando por igual para todas las asociaciones que lo requieran. Continuaré apoyando a la Asociación de Mujeres Vecinales, a las cuarenta mujeres y más de treinta niños cuya formación y desarrollo dependen de esta Asociación. Como apoyé en su día, cuando lo necesitaron, y seguiré apoyando, a Asociaciones como La Bola, Alhambra, Constitución, Las Palmeras, Progreso o Tiro Nacional. Como apoyaré a las nuevas asociaciones que se nos han incorporado, Azahar, Cerro de Palma Santa y Jazmín. Seguiré embarcado en la ardua tarea de conseguir un local para la primera asociación que se creó en Melilla: Unidad. Y para una menos antigua pero muy abandonada: Las Nuevas Caracolas. Apoyaré las obras en las asociaciones que lo precisen como es el caso de Hispanidad. Y dejaré para el final el apoyo a las obras que necesita la Asociación de Vecinos Estopiñán, sede además de esta Federación, en la que nunca se ha invertido en obras un solo duro del Ayuntamiento. Y trataré de fomentar esa unión de la que muchos hablan pero muy pocos promueven. Una unión que pasa por el cumplimiento por todos de nuestros Estatutos que contemplan, por ejemplo, la forma de convocar o solicitar las Asambleas tanto ordinarias como extraordinarias, para que todos puedan participar y exponer sus quejas, por supuesto serias y con fundamento, sin tapujos y dando la cara. Y emplearé todo mi esfuerzo en que los acuerdos que se adopten por mayoría sean respetados por todos como ocurre en cualquier sistema democrático. Pero lo haré, no quepa la menor duda, sin permitir a nadie que ponga en duda mi trabajo, mi dedicación y mi honradez.

        Y para todo esto cuento con mis buenas relaciones a todos los niveles, mi conocimiento de la Federación, mi experiencia y mi capacidad de trabajo demostrada a lo largo de estos diez últimos años. Con esto y la colaboración de todos creo sinceramente que podemos hacer una Federación aún más grande.

        Muchas gracias.